FASCINACIÓN


Mientras él jugaba con sus rizos de fuego, ella permanecía en silencio hipnotizada por sus ojos helados. Esa dulce tristeza la arrastraba lejos de aquel séptico lecho, hacia las verdes laderas, cuna de su niñez. Extasiada, contempló su perturbadora figura reflejada en el deslustrado espejo consciente de que aquel delirio duraría sólo hasta el momento señalado.

Dos minutos para el alba, la descomposición avanza desde mis entrañas hacia mi carne febril. Sostengo mi daga sobre su pecho desnudo, tras un leve movimiento, un ruido seco y la sombra me envuelve mientras su gélido rostro se disuelve en la bruma.